domingo, 1 de junio de 2014

El principio del fín del Monasterio de Cornellana - La invasión francesa y la desamortización de Mendizabal




Nuestro Monasterio con la llegada del siglo XIX entra en una situación complicadísima. En 1809 llegan las tropas francesas con el mariscal Ney al frente y lo utilizan como cuartel y caballerizas en las campañas de Salas, El Fresno y Peñaflor. Mientras, el militar francés se aloja en el palacio de Doriga durante las operaciones.  Pero cuando tienen que abandonar el monasterio, los franceses, como es habitual en las campañas napoleónicas, lo incendian, provocando daños gravísimos.  Nuestra  comunidad benedictina regresa al cenobio e intentan reparar lo dañado por las tropas napoleónicas. 
Pero el proceso desamortizador  llega, y como nos recuerda Daniel Ballesteros: “Durante muchos años se ha considerado a los procesos desamortizadores de Mendizabal y Madoz como un hito de extraordinaria importancia, clave para permitir el desarrollo económico de España. Sin embargo un análisis frío y desapasionado de los acontecimientos nos revela un proceso de expolio a gran escala, organizado con fines de poder y enriquecimiento ilícito, que ocasionó graves daños a la sociedad española y dañó de forma decisiva el derecho de propiedad privada de los bienes inmuebles."
Siguiendo con el autor: “ De todos los procesos desamortizadores que tuvieron lugar en España a lo largo de la historia y que comienzan en el siglo XVI, el que tuvo una mayor transcendencia fue el llevado a cabo bajo la regencia de Maria Cristina que comenzó en 1835 promovido por su Jefe de Gobierno, José Alvarez Mendizabal. Varios decretos en este año de 1835 preparaban legalmente el camino, consumado por los reales decretos de 19 de febrero y de 8 de marzo de 1836, afectando fundamentalmente a los bienes amortizados de la Iglesia Católica.”
En realidad esta iniciativa política tenia tres objetivos: 
1º Saciar el ansia recaudatoria de una hacienda publica extremadamente necesitada de recursos.
2º Debilitar la capacidad económica de la Iglesia Católica proclive al pretendiente Carlista al trono. No olvidemos que nos encontramos en plena primera guerra Carlista.
3º Modificar la estructura de propiedad para crear una clientela política adicta a los liberales.
Todo esto trae consigo que el estado se incauta de las propiedades de la Iglesia sin compensación económica alguna, para distribuirlo después entre la naciente burguesía urbana, ávida de propiedades que les permitan escalar socialmente.
Como consecuencia de lo anterior, se produjo el deterioro y destrucción de un importante patrimonio cultural, arquitectónico y artístico, además del empeoramiento de las condiciones de vida de los campesinos arrendatarios de las tierras objeto de desamortización.
Centrándonos en nuestro querido Monasterio de Cornellana, nos encontramos que con fecha de 1 de enero de 1837 la Junta de Desamortización de Asturias publica los expedientes de remate de Bienes Nacionales donde se recoge la enajenación de los siguientes bienes y tierras expropiadas a la Iglesia: 
Monasterios de: San Juan de Corias, Belmonte, San Pedro de Villanueva, San Salvador de Cornellana, Celorio, Obona, Valdedios, San Vicente y San Pelayo de Oviedo, Monasterio de la Vega, Las Bernardas de Avilés, Clarisas de Villaviciosa, Santa Clara de Oviedo, Santo Domingo, Agustinas Recoletas de Gijón, Colegiata de Covadonga, Fabrica de San Tirso el Real de Oviedo y otros muchos monasterios y predios de menor entidad, además de fincas y bienes pertenecientes a la Iglesia en prácticamente todos los concejos asturianos.
Así nuestro monasterio fue vendido a José Onofre, que instaló una fabrica de manteca en sus edificios. Al mismo tiempo la iglesia se transforma en parroquial de Cornellana, cambiando su advocación de San Salvador a San Juan, patrono de la localidad.
En 1878 el Obispado compró el edificio de nuevo que desde entonces ha estado en manos de la parroquia, y según nos dice José Antonio Fernandez de Cordoba: “Gracias al empeño de los vecinos de Cornellana y de Aurelio del Llano, en 1931 se logró su declaración como Monumento Nacional. Tras la guerra civil, el arquitecto  Luis Menéndez Pidal restauró la iglesia, la torre románica y parte del claustro; un ejemplo de su actuación es un arcosolio que don Luis mandó montar con piezas encontradas por el Monasterio.”
Es difícil saber que hubiera ocurrido con las actuales instalaciones de no haberse producido el fenómeno desamortizador, pero lo que si es seguro es que a causa del mismo y del abandono de las instalaciones por falta de un uso que justifique su restauración, nos encontramos en la situación actual, donde el Monasterio está en estado de semiruina y a la espera de que fructifiquen los convenios de colaboración entre las distintas administraciones, para tratar de darle ese uso especifico que garantice su supervivencia.
Por otra parte, en la actualidad contamos con una comunidad denominada "Salvemos la Iglesia y el Monasterio de Cornellana de la ruina" que está siendo muy activa en las redes sociales y cuyo objetivo primario es conseguir que las administraciones publicas acometan los trabajos necesarios para frenar el actual deterioro del Monasterio.
¡Ojalá se consiga y pueda durar, al menos, 1000 años más¡