lunes, 9 de diciembre de 2013

La batalla de Covadonga

Año de 711, después de la batalla de Guadalete y ante el empuje de las tropas de Tariq se pierde España ante el invasor árabe en un abrir y cerrar de ojos, en palabras de Sanchez Albornoz. 
Las causas estuvieron en la división existente entre los partidarios del ultimo rey godo, D. Rodrigo y los hijos de Witiza que aspiraban al trono.Estos últimos con la mediación del conde D. Julian, les facilitan la entrada a los musulmanes en la península ibérica creyendo que solo buscaban botín y esto supuso el fin del reino godo de Toledo.
Ante el imparable avance musulmán, algunos nobles huyen hacia el norte, hacia aquellas tierras inhóspitas que en otro tiempo les eran hostiles y hoy suponen su ultimo refugio.
Entre aquellos nobles que se  refugian en las tierras de Asturias destaca un espadero del rey D.Rodrigo llamado Pelayo, que se iba a transformar con el paso del tiempo en el caudillo que haciendo frente a los musulmanes salvaría la cristiandad y la idea de la civilización europea frente al islamismo. 
Entretanto, los moradores de las Asturias como el resto de los pobladores de zonas conquistadas se ven obligados a pagar tributos a los nuevos dominadores, que en el caso de Asturias estaban gobernados por Munuza, probablemente desde León.
La historia nos dice que Pelayo ante la idea de que su hermana fuese desposada por Munuza y estando en desacuerdo, empezó a conspirar contra este, lo que le obliga a echarse al monte con un grupo de seguidores y a esconderse, entre otro sitios, por las montañas cercanas a Cangas de Onís.

Y a partir de aquí me vais a permitir que sea D. Claudio Sanchez Albornoz, quien nos relate lo sucedido:
"Pelayo, al cruzar el Piloña y escapar de manos de sus perseguidores se encaminaría quizás hacia el valle de Cangas, donde al parecer se verificaba en aquellos momentos una asamblea judicial.
Al llegar Pelayo excitaría a la sublevación a los astures que poblaban las estribaciones occidentales de los Picos de Europa. Les reprocharía su ignominiosa sumisión y los movería a la venganza y a la lucha. Ocurrían estos sucesos en 718 probablemente y los allí congregados elegirían a Pelayo para acaudillarlos y así evitar pagar los impuestos.
En Córdoba no se daría al principio importancia, ya que España no estaba todavía por entero sometida y organizada.
Con el paso del tiempo la sublevación habría prendido entre las gentes del país y empezaría a molestar intensamente a los dominadores, que enseguida mandan una expedición de castigo, ya que pensaban que la victoria seria fácil y elevaría así la moral de su gente, que en aquellos días andaba muy baja después de la derrota de Toulouse.
Para acabar con los astures Anbasa ordeno en 722 que fuese a someterles un cuerpo de tropas mandado por Alqama. Acaso con el fin de negociar la capitulación se dispuso que fuese con las tropas el prelado hispalense Oppas.
Pelayo no sintiéndose seguro a campo abierto en el valle de Cangas, se acogió a la peña Auseva sobre la garganta que hoy llamamos Covadonga. El lugar de la resistencia estaba elegido con acierto; ni antes ni después hubiese encontrado un sitio tan oportuno para enfrentar con ventaja al enemigo.
Las huestes de Alqama con unos miles de hombres se internan por el valle que lleva a Covadonga y al llegar pidió a Oppas que tratase de convencer a Pelayo y su hueste que se rindieran. Con solo una palabra de Pelayo habría bastado para lograr la paz; los astures habrían vuelto a pagar el impuesto territorial y los musulmanes habrían dominado España entera.
Pero la palabra esperada no salio de los labios del "asno salvaje" que así llamaban a Pelayo los irritados cronistas islamistas. La historia fue empujada a marchar por otros derroteros y los musulmanes hubieron de luchar con los astures acaso el 28 de mayo de 722.
Mientras el caudillo resistía en la cueva, las piedras y flechas que los saeteros y honderos dirigían contra ella en cumplimiento de leyes físicas rebotaban en la roca.
En el momento decisivo Pelayo y los suyos salieron de la cueva y Alqama incapaz de salvar el peligro, fue muerto en el combate.
Falto el ejercito musulmán de su jefe y atacada su hueste por la furia de los astures victoriosos, una sacudida de pánico recorrió sus filas. Nadie acertó a tomar el mando y a organizar la retirada, y las tropas se dieron a la fuga"




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